martes, 17 de noviembre de 2015

LA ETICA EN LOS PORTALES WEB 

Puesto que la red de Internet es vehículo de contenidos tanto positivos como negativos, han surgido dispositivos técnicos que impidan el paso de los contenidos negativos, de modo semejante a como el agua contaminada se hace pasar por un filtro, que detiene los elementos nocivos. Estos dispositivos realizan una prevención inmediata, que presupone la prevención remota de orden cultural y ético, que crea en la persona la decisión de querer usar bien Internet. Sin este componente cultural y ético los filtros serían poco eficaces.
Los primeros sistemas de prevención inmediata que se utilizaron funcionaban sobre la base de una lista de páginas web negativas a las cuales no se permitía el acceso. Este sistema requería una continua actualización, y exigía que alguien se dedicase a explorar continuamente la red para incluir en la lista de las “prohibidas” las páginas negativas de reciente creación. No resultaba muy práctico.

Con el aumento de la potencia de los ordenadores personales, se hizo posible introducir en ellos un programa capaz de analizar en el acto el contenido de la página a la que se va a acceder, y de impedir el acceso si esos contenidos son negativos.

Otra vía de protección es la catalogación de las páginas con el sistema ICRA. El pro­pietario de la página la define según una escala de criterios que se le proporciona. El usuario instala en el ordenador el filtro ICRAplus, gratuito, y el usuario mismo define qué nivel desea aceptar en cada categoría (violencia, lenguaje soez, desnudos, etc.). Para modificar los criterios de admisión de las páginas hay que disponer de la password. Por desgracia, son pocas las páginas web que aplican este sistema de auto-catalogación, por lo que este medio no resulta por ahora muy eficaz.

Una tercera vía de protección es usar Internet a través de un Provider que ya aplica un sistema de filtración serio y bien orientado. Este es el caso, por ejemplo, de “Davide.it”. Es un sistema gratuito y eficaz, muy apropiado para las familias, aunque no es del todo perfecto: alguna vez no deja pasar contenidos buenos, o deja pasar cosas no del todo con­venientes. Los expertos de buen criterio lo consideran muy aconsejable para los hogares donde hay niños. El verdadero límite es que hoy día los niños saben bastante de informática, y pueden abrir una conexión gratuita con otro Provider sin que los padres se den cuenta. La prohibición de establecer otras conexiones que se puede introducir en Windows XP se puede saltar con facilidad.

Respecto de los niños y adolescentes en el ámbito de la familia

Actualmente los niños y los adolescentes usan bastante el ordenador en su propia casa y usan también Internet. Por la falta de madurez humana y ética, propia de su edad, están particularmente expuestos a recibir influjos negativos de diversa índole. Un reciente estudio de la International Crime Analysis Association, titulado “Child Internet Risk Perception”, ha puesto de manifiesto que el 77% de menores entre 8 y 13 años usa Inter­net. Sólo el 26% de los padres sigue de cerca el uso que sus hijos hacen de ese medio. El 52% de los niños entrevistados se han encontrado con contenidos pornográficos, y el 24% de ellos ha reaccionado con curiosidad. El 13% de los entrevistados ha tenido contactos con pederastas a través de la red, y el 70% de éstos no ha dicho nada a sus padres.


Diversos organismos de expertos se han ocupado de este problema. Es interesante el documento de la Conferencia Episcopal de los Estados Unidos titulado Your Family and Cyberspace, del 22 de junio de 2000. El documento antes citado, La Iglesia e Internet, dice: Por el bien de sus hijos, así como por el suyo propio, los padres deben “aprender y poner en práctica su capacidad de discernimiento como telespectadores, oyentes y lectores, dando ejemplo en sus hogares de un uso prudente de los medios de comunicación social”. En lo que a Internet se refiere, a menudo los niños y los jóvenes están más familiarizados con él que sus padres, pero éstos tienen la grave obligación de guiar y supervisar a sus hijos en su uso. Si esto implica aprender más sobre Internet de lo que han aprendido hasta ahora, será algo muy positivo. La supervisión de los padres debería incluir el uso de un filtro tecnológico en los ordenadores accesibles a los niños, cuando sea económica y técnicamente factible, para protegerlos lo más posible de la pornografía, de los depreda­dores sexuales y de otras amenazas. No debería permitírseles la exposición sin supervisión a Internet. Los padres y los hijos deberían discutir juntos lo que se ve y experimenta en el ciberespacio. También es útil compartir con otras familias que tienen los mismos valores y preocupaciones. Aquí, el deber fundamental de los padres consiste en ayudar a sus hijos a llegar a ser usuarios juiciosos y responsables de Internet, y no adictos a él, que se alejan del contacto con sus coetáneos y con la naturaleza.


Los padres tienen que educar a los hijos también en este aspecto, dedicándoles tiempo y haciendo un esfuerzo, si fuera necesario, para conocer la red de Internet, ya que sus hijos la usan. Cuando se trata de menores, es moralmente necesario protegerles me­diante un sistema seguro de los que antes se ha hablado. A la vez es muy conveniente que el ordenador conectado a la red esté en un lugar de paso o bastante frecuentado en la casa: sala de estar, cocina si reúne condiciones, etc. También se ha de explicar a los niños que no den informaciones personales (por ejemplo, rellenando cuestionarios) ni entren en contacto con desconocidos, que han de hablar con sus padres de lo que les parezca extraño, y que han de ser prudentes con los discos que reciben de sus amigos de la escuela, etc.[7] Si se dan las explicaciones adecuadas, los hijos verán esas precauciones como una ayuda para hacer el uso recto del ordenador que ellos quieren hacer, y que comprende además criterios como no “navegar” por Internet sin rumbo fijo, para pasar el tiempo.

Cuando los hijos son más mayores, sigue siendo moralmente necesario usar un filtro en el ordenador con el que trabajan en casa. Así se evita que puedan entrar sin querer en páginas de contenido muy negativo que podría introducirles en un mal camino que poco a poco podría crear adicción. Encontrarse, por ejemplo, con un contenido fuertemente erótico es una ocasión grave y próxima para cualquiera, y los padres tienen el deber moral de evitar esos peligros a sus hijos. Esta es la conducta que de hecho los padres honestos tienen con sus hijos: no van de paseo con ellos por ciertos lugares, no los llevan a determinados locales, etc. Si esto no lo ven como un atentado contra la libertad, tampoco deberían ver las precauciones de que se ha hablado como falta de respeto a la libertad de los hijos.



Respecto de los Usuarios adultos

El uso de Internet por parte de adultos puede ser estudiado desde dos puntos de vista: el del usuario y el de las autoridades de las que dependen algunos ámbitos en los que el usuario se mueve (empresa, residencia de estudiantes, colegio, universidad, etc.).

Desde el punto de vista del usuario consideramos en primer lugar el caso de la persona de actitud moral recta que usa Internet para su trabajo o para el estudio, y que por tanto no busca contenidos inconvenientes ni pasa el tiempo “navegando” sin rumbo fijo. Si trabaja en un sistema (universidad, empresa, colegio, etc.) protegido por un proxy y un filtro (tipo Optenet, por ejemplo), el uso de Internet no debería ocasionarle ningún proble­ma moral.

Cabe señalar, por último, que a las situaciones crónicas de dificultad suelen concurrir varias causas. Se usa Internet sin filtro, en la propia habitación, de noche, y sin una finalidad precisa. Se puede tratar de personas que están solas o que se aíslan (aunque vivan en una residencia con muchas otras personas), y que usan Internet para pasar el tiempo, a veces con la actitud al menos implícita de buscar satisfacciones para la sensualidad.

En empresas, residencias, instituciones educativas, etc.

En las empresas, oficinas, etc. existe la obligación de justicia de emplear el horario previsto en el contrato laboral al propio trabajo. El uso del correo electrónico o de Internet para otras finalidades puede equipararse al uso del teléfono o a la lectura de periódicos o libros ajenos a la propia ocupación.

 Un problema algo más delicado se plantea en residencias de estudiantes o en cole­gios donde residen, por ejemplo, seminaristas o sacerdotes. Por una parte, es lógico que una estructura de este tipo ofrezca a los residentes un conjunto de condiciones de vida y de servicios. Entre ellos, un ambiente de libertad y confianza, un lugar de trabajo, respeto de la justa autonomía y privacidad, y una conexión a la red de Internet para el estudio. Por otra, es también justo que se exija el respeto de ciertas normas de comportamiento, también relativas al comportamiento moral externo.

Si la conexión a Internet está en la propia habitación, es fácil que los residentes pasen tiempo “navegando” por Internet, o “chateando” con los amigos, etc. La experiencia enseña que, incluso cuando se trata de personas con una cierta formación moral, se hace un uso bastante inmoral de la red, con notable daño para los interesados. A veces los respon­sa­bles de estas estructuras no ponen remedio alguno, alegando que el comportamiento moral privado es responsabilidad de cada uno, dado que se trata de adultos; o por miedo a adquirir fama de personas mojigatas que no respetan la libertad de los demás; o que al fin y al cabo también Dios, que ama a los hombres más que nadie, no impide el mal uso de la libertad; o que desean evitar que se cree un ambiente de desconfianza, que podría ser contraproducente; o que los residentes pueden en todo caso hacer lo que deseen en otros lugares o cuando dejen el colegio, etc.